Programa Nacional de Chagas

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A 100 años de haber sido descripta por primera vez, La infección por Trypanosoma cruzi o enfermedad de Chagas continúa siendo un grave problema de salud pública en muchos países de América Latina. Por pérdida de calidad de vida por discapacidad (AVAD), esta enfermedad ocupaba el quinto lugar de importancia entre las enfermedades infecciosas en general en las Américas y el Caribe en 2001. La principal vía de transmisión del parásito es a través del vector Triatoma infestans (vinchuca). Sin embargo, la vía congénita ha ido aumentando su incidencia a medida que mejoraba el control de la transmisión vectorial y la transfusional.


El Programa Nacional de Chagas (PNCh) comenzó a funcionar en 1961, luego de más de una década de investigación y desarrollo de varios programas pilotos de control del vector. Entre 1961 y 1980, el PNCh llegó a contar con 2.000 técnicos distribuidos en 19 provincias, con un presupuesto superior a los 100 millones de dólares americanos. La intervención contra las transmisiones vectorial y transfusional produjo un descenso de la prevalencia de infección por T. cruzi en los varones reclutados en el servicio militar obligatorio desde el 10% en 1969 al 6% en 1981 y al 2% en 1993. A pesar de estas mejoras, se han seguido registrando casos agudos vectoriales de enfermedad de Chagas por falta de un sistema sostenido de vigilancia entomológica y reinfestación de las viviendas tratadas.


En 1991, se implementó una estrategia horizontal para capacitar a 600 supervisores nacionales y provinciales del PNCh. Entre 1993-1998 se realizaron casi 5.000 talleres para entrenar unos 15.500 agentes sanitarios o municipales y líderes, quienes junto a los técnicos del PNCh trataron con insecticidas unas 675.000 viviendas. Hacia 2000 se habían rociado cerca de un millón de viviendas e instalado la vigilancia en mas de 800.000. La infestación domiciliaria por T. infestans disminuyó desde el 6,1% en 1992 al 1,2% en 1999. La notificación nacional de casos agudos clínicamente detectables de enfermedad de Chagas de origen vectorial fue de 22 casos en 1997, 19 en 1998, 2 en 1999 y 22 en 2000. La seroprevalencia de infección por T. cruzi en menores de 15 años residentes en áreas rurales disminuyó del 6,3% al 2% entre 1992 y 1999. En ese periodo, el número de controles de infección por T. cruzi en sangre donada aumentó de 200.000 en 1991 a cerca de 500.000 en 2000, alcanzando a todos los servicios públicos. Además, se normatizó el control de la mujer embarazada y el seguimiento del hijo de mujer infectada, como así también el control de los donantes de órganos.


A partir de 2000 se observó una tendencia creciente en el número de casos agudos vectoriales en el país debido a la disminución de las actividades de control del vector (la tasa anual de rociado de viviendas con insecticidas bajó de 140.000 viviendas en 1994 a menos de 65.000 entre 1998 y 2008) y a la baja cobertura de las acciones sostenidas de vigilancia (menos del 40% de las viviendas de área endémica), todo esto a consecuencia de reducciones de presupuesto y de la capacidad operativa del Programa por déficit de recursos humanos y materiales y una gestión inadecuada. Otros factores que contribuyeron al recrudecimiento de la endemia fueron la crisis socioeconómica de 2001, la insuficiente atención al problema y a la promoción y la prevención en los sistemas de salud y los cambios de gestión en los programas.


Para interrumpir la transmisión, es necesario optimizar las actividades de control vectorial y no vectorial, con una vigilancia activa permanente y con el diagnóstico y tratamiento oportuno de las personas infectadas. La estrategia apropiada para lograr este objetivo es una descentralización operativa local que involucre a las diferentes instancias de gestión y servicios locales de salud, con la conducción, normatización y supervisión técnica del nivel central nacional; y el compromiso y la responsabilidad compartidos entre los niveles nacional, provincial y municipal.